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lo que iba a ocurrir y fue un día histórico en Hong Kong

  • elsemanal58
  • 11 jun 2020
  • 4 Min. de lectura

Los jóvenes perdieron el miedo a protestar, aseguro un joven fue como si nos metiéramos de golpe una dosis muy fuerte de adrenalina y de arraigo por la democracia


Astrid nunca imaginó lo que iba a ocurrir tras aquel 9 de junio de 2019. Fue un día histórico en Hong Kong. También era la primera vez que esta joven de 20 años y sus compañeros de facultad salían a manifestarse. Como ellos, uno de cada siete residentes de la ciudad tomaron las calles para protestar por un controvertido proyecto de ley que hubiera permitido la extradición de fugitivos a China continental. Aunque la mayoría temían que la intención de Pekín era usar esa ley para procesar a los críticos por razones políticas.


"Todo cambió a partir de ese día. Tanto para bien como para mal. Los jóvenes perdimos el miedo a protestar, fue como si nos metiéramos de golpe una dosis muy fuerte de adrenalina y de arraigo por la democracia. Sólo queríamos que Hong Kong no se convirtiera en otra ciudad más de China", relata Astrid. El movimiento de protestas a favor de la democracia continuó. "Eso fue una sorpresa, pero muy bonito,


aunque se fue volviendo muy violento por culpa de una parte de los jóvenes. Algo que enfadó a un monstruo más grande que ahora ha decidido devorarnos, y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo. Yo ya estoy muy cansada de pelear", sentencia. Su compañero de universidad, un chico llamado Gaoren, mantiene una actitud más combativa. "No lo conseguirán, no nos robarán nuestra autonomía por muchas leyes que aprueben en Pekín.


Seguiremos saliendo a las calles porque somos mayoría y no pueden silenciarnos", afirma. Otro estudiante, Joseph Wong, también lo tiene claro: "Esto sólo se soluciona con diálogo. Desde China no quisieron escuchar, ordenaron a la Policía que nos golpeara y se han encontrado con que cada vez hay más proclamas por la independencia de Hong Kong. Eso hace un año no pasaba, lo han provocado con su represión y reconozco que yo no comparto la deriva independentista del movimiento. Pero al parecer es el único camino para que China nos deje en paz".


Han pasado muchas cosas desde que Astrid, Gaoren y Joseph salieran a su primera manifestación en Hong Kong hace justo un año. Este periódico, a través de la mirada de su corresponsal Javier Espinosa, narró un testigo directo explicando cómo más de un millón de personas recuperaron en las calles el espíritu de las ingentes protestas que se registraron en la ex colonia británica durante la llamada "Revolución de los Paraguas" de 2014.



Astrid nunca imaginó lo que iba a ocurrir tras aquel 9 de junio de 2019. Fue un día histórico en Hong Kong. También era la primera vez que esta joven de 20 años y sus compañeros de facultad salían a manifestarse. Como ellos, uno de cada siete residentes de la ciudad tomaron las calles para protestar por un controvertido proyecto de ley que hubiera permitido la extradición de fugitivos a China continental. Aunque la mayoría temían que la intención de Pekín era usar esa ley para procesar a los críticos por razones políticas.


"Todo cambió a partir de ese día. Tanto para bien como para mal. Los jóvenes perdimos el miedo a protestar, fue como si nos metiéramos de golpe una dosis muy fuerte de adrenalina y de arraigo por la democracia. Sólo queríamos que Hong Kong no se convirtiera en otra ciudad más de China", relata Astrid. El movimiento de protestas a favor de la democracia continuó. "Eso fue una sorpresa, pero muy bonito, aunque se fue volviendo muy violento por culpa de una parte de los jóvenes.


Algo que enfadó a un monstruo más grande que ahora ha decidido devorarnos, y nosotros no podemos hacer nada para evitarlo. Yo ya estoy muy cansada de pelear", sentencia.

Su compañero de universidad, un chico llamado Gaoren, mantiene una actitud más combativa. "No lo conseguirán, no nos robarán nuestra autonomía por muchas leyes que aprueben en Pekín. Seguiremos saliendo a las calles porque somos mayoría y no pueden silenciarnos"


afirma.Otro estudiante, Joseph Wong, también lo tiene claro: "Esto sólo se soluciona con diálogo. Desde China no quisieron escuchar, ordenaron a la Policía que nos golpeara y se han encontrado con que cada vez hay más proclamas por la independencia de Hong Kong. Eso hace un año no pasaba, lo han provocado con su represión y reconozco que yo no comparto la deriva independentista del movimiento. Pero al parecer es el único camino para que China nos deje en paz".


Han pasado muchas cosas desde que Astrid, Gaoren y Joseph salieran a su primera manifestación en Hong Kong hace justo un año. Este periódico, a través de la mirada de su corresponsal Javier Espinosa, narró un testigo directo explicando cómo más de un millón de personas recuperaron en las calles el espíritu de las ingentes protestas que se registraron en la ex colonia británica durante la llamada "Revolución de los Paraguas" de 2014.


Una ley -aprobada en mayo en Pekín y que está previsto que se empiece a ejecutar las próximas semanas- que castiga cualquier actividad secesionista, subversiva o terrorista en la ex colonia. Según muchos legisladores internacionales y activistas prodemócratas, esto supondrá el fin de esa autonomía de la que goza Hong Kong respecto a China Continental. los legisladores pro Pekín, es una medida necesaria para mantener


la estabilidad y que no tumbará el sistema de semilibertades. la nueva ley de seguridad ha reavivado el movimiento de protesta desactivado durante la pandemia. Y, como contaba el estudiante Joseph, ahora se escuchan unos gritos de independencia que hace un año no había. "Hong Kong ya no puede darse el lujo de ser más caótica", ha dicho hoy Carrie Lam, la jefa del Ejecutivo local, pidiendo no retornar al bucle de violencia en el que entró el año pasado este epicentro financiero de Asia



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