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malas prácticas con Gas lacrimogeno

  • elsemanal58
  • 11 jun 2020
  • 1 Min. de lectura

las malas prácticas de este arma no letal en los últimos años. Este jueves, la organización defensora de los derechos humanos


las fuerzas de seguridad asaltaron el año pasado un hospital en Omdurman, a las afueras de Jartum, la capital de Sudán. Durante la incursión, los agentes llenaron la sala de urgencias de gas lacrimógeno. “Dispararon cuatro cartuchos de gas; gracias a Dios solo explotó uno”, contaba el personal médico a Amnistía Internacional. El cartucho que explotó cayó bajo la cama de un hombre de 70 años que había sufrido un paro cardiaco. Murió a los 10 minutos. El caso de Sudán es uno de los ejemplos que ha recogido Amnistía Internacional (AI) en su investigación sobre las malas prácticas de este arma no letal en los últimos años. Este jueves, la organización defensora de los derechos humanos ha publicado junto a la Fundación Omega una web en la que repasa algunas agresiones con el gas tóxico cometidas a nivel mundial, explica la peligrosidad de su uso y entra incluso en la polémica de su comercialización. El informe llega en un momento en que la ONU estudia elaborar controles sobre el negocio internacional de armas menos letales, a las que pertenece el gas lacrimógeno.

“Las fuerzas de seguridad suelen hacernos creer que el gas lacrimógeno es un medio seguro para dispersar multitudes violentas, que evita tener que recurrir a armas más nocivas. Pero nuestro análisis demuestra que las fuerzas policiales están haciendo un uso indebido de él, y a una escala generalizada”, afirma Sam Dubberley, director del proyecto Evidence Lab del programa de respuesta a las crisis de AI.




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